Escolares

No le interesaban los juegos escolares sencillamente porque eran organizados, tenían reglas y exigían resultados. Nunca competía. Le gustaban las máquinas (es aún experto en coches de carreras y vehículos análogos, y, después de la guerra, ocupó parte de sus ocios en ayudar a los fabricantes de la motocicleta Brough Superior con pruebas de eficacia e informes sobre los modelos del año siguiente). Leía mucho, con atención y rapidez, en varios idiomas. Estudió principalmente el arte medieval y sobre todo la escultura. Lo más notable estriba en que, hallándose todavía en la escuela superior, empezó a cavilar sobre la sublevación de los árabes contra los turcos, que es el asunto primordial de este libro. En el Jesus College, ya en la universidad, en la que obtuvo una beca, se matriculó en Historia, que, se supuso, estudiaría. De hecho, pasó los tres cursos ampliando sus conocimientos en poesía provenzal y cantares de gesta. Vyvyan Richards, condiscípulo suyo, me ha referido: —Intrigó al College el misterio de un singular estudiante al que jamás se veía de día y que pasaba las horas nocturnas dando vueltas a solas por el cuadrángulo. Fui uno de los designados para descubrir el porqué, y así descubrí a Lawrence. Le traté al principio con aire de superioridad, como hacen los de segundo curso con los de primero; mas pronto me enmendé. Recuerdo haberle embromado en una ocasión por sus teorías sobre la cerámica. Nos paseábamos en el terraplén del New College, que se cree proceder de las guerras civiles. Di una patada a un fragmento cerámico y le espeté: «Ahora me dirás que esto prueba algo». Y me replicó: «Gracias, porque así es. Prueba que este terraplén es muy anterior a la época de Cromwell». Aquello me enmudeció. No participaba en la vida del College, ni comía en el Hall. En cierta ocasión, en invierno, se presentó en mi alojamiento después de medianoche y me pidió que me bañara con él. Quería intentar el ejercicio de sumergirse a través del hielo. Se me antojó demasiado peligroso y se fue solo. Tenía una biblioteca estupenda y le interesaba mucho la imprenta. Se ha contado, y no es verdad, que imprimió libros conmigo. Hablamos bastante de ello, pero no pasamos de ahí. Lawrence únicamente vivió un trimestre en el College; luego le permitieron que lo hiciese en su casa. Leía por la noche y dormía por la mañana. Además de no fumar y ser abstemio total, era vegetariano. Durante su permanencia en la universidad, lo mismo que en la escuela, no tomó parte en juegos organizados ni asistió a ellos; creo, sin embargo, que intervino en el escalamiento de tejados, deporte que, amén de carecer de reglas, desafiaba el reglamento universitario. Se le atribuye la invención de la travesía, ahora clásica, por las techumbres desde el Baliol al Keble, en un trayecto de tal vez quinientos metros, con una sola bajada entre ellos. Lawrence no lo niega ni lo confirma. Sentía admiración encendida por su mentor universitario, R. L. Poole, y, en la única ocasión que hizo novillos, se apresuró a excusarse por escrito. Poole le contestó: «No se preocupe por haberme plantado el martes pasado. Su ausencia me permitió efectuar trabajo útil durante una hora». Por lo visto, no asistió más que a tres clases en los tres años y las juzgó una pérdida de tiempo. Cecil Jane escribe sobre este período: «Le preparé en su último curso en la Oxford City School y le vi a menudo durante su estancia en la universidad.