Aire

Se rogó al doctor Hogarth, en el invierno de 1913, que propusiera un arqueólogo para el equipo que inspeccionaría la topografía de la península del Sinaí, desierto situado entre Palestina y Egipto, en el cual Moisés hizo vagar a los hebreos hasta que los convirtió en gente guerrera. Recomendó a Woolley, quien no disponía de los tres meses que se le exigían, y, por lo tanto, fue con Lawrence durante seis semanas y se repartieron el trabajo. Se entendieron muy bien con el geógrafo, el capitán Newcombe, oficial de ingenieros que estuvo más tarde en Arabia con Lawrence, y efectuaron importantes descubrimientos de restos antiguos. Establecieron el mapa, quizá no muy en serio, del probable itinerario del éxodo israelita y hallaron el sitio en que tal vez estuvo Qadesh Barnea, donde Moisés obtuvo agua de la roca. Llegaron hasta Petra y Maan, en Arabia, lugares que tuvieron trascendencia en la campaña de Lawrence cuatro años después. Su informe aparece en el libro titulado The Wilderness of Sin (El desierto de Sin), que el Palestine Exploration Fund editó en 1914. La misión no quedaría completa si no se tomaban ciertas medidas en Aqaba, puerto del mar Rojo; pero los turcos no concedieron el permiso por razones militares. Lawrence dijo a Newcombe que iría a echar una ojeada a Aqaba. Estuvo en tal paraje sin oposición e hizo todas las notas que se le antojaron. De pronto sintió el repentino deseo de explorar las ruinas antañonas de la pequeña isla Farun, que dista unos cuatrocientos metros de la costa. Solicitó autorización para utilizar la única barca que había en la playa. Los turcos se la negaron y un grupo numeroso arrastró la embarcación más al interior, para que le fuese imposible moverla. Aquello no le arredró. Mediado el día, cuando todos los soldados turcos dormían la siesta, hizo una especie de almadía con tres de los grandes barriles de agua que llevaban los camellos. Esos recipientes, de cobre, tienen ochenta y dos litros de capacidad y miden unos ciento ocho centímetros de largo, treinta y nueve de ancho, y veintiuno de espesor, y pueden convertirse en excelente balsa. El viento le arrastró sin percance e inspeccionó las ruinas; el viaje de regreso fue más arduo. Y el mar estaba lleno de tiburones. Hay que decir que Kitchener ordenó hacer el mapa con fines militares, y que se disfrazó la expedición con el manto de la arqueología. El Palestine Exploration Fund consiguió la autorización de los turcos, y Lawrence y Woolley, como descubrieron a la llegada, proporcionaron el pretexto arqueológico a las actividades cartográficas de Newcombe. II He aquí un retrato conciso de Lawrence: Es bajo (un metro y sesenta y cuatro centímetros), de cuerpo largo en proporción a las piernas, a mi parecer, pues impresiona más sentado que de pie. Tiene cabeza grande de tipo nórdico, que se eleva recta por el colodrillo, pelo claro (no rubio) y más bien fino, y cutis blanco, y puede no rasurarse durante más tiempo que casi todos los hombres sin que se note. La porción superior de su rostro es amable, casi maternal; la inferior, severa, casi cruel. Sus ojos, entre azules y grises, se mueven constantemente. Tiene manos y pies pequeños. Es, o era, muy fuerte: se le ha visto levantar un rifle con el brazo extendido, asiéndolo por la boca, hasta mantenerlo paralelo al suelo; sin embargo, nadie le describiría, en el mejor de los casos, sino como duro. En Arabia conquistó el respeto de los guerreros del desierto con sus hazañas de vigor y agilidad, descontadas sus otras cualidades. La prueba de aceptación en las filas de los luchadores más estrenuos consistía en la proeza de apearse de un camello al trote y volver a montarlo, con una mano en la silla y un fusil en la otra. Se cuenta que Lawrence la efectuó. Este relato pondrá de manifiesto su resistencia física. Se tienen unas cuantas impresiones preliminares sobre él difíciles de conciliar: «Ese hombrecillo vulgar» (un poeta). «Semblante y figura de bailarina circasiana» (un periodista norteamericano). «Un sujeto pequeño con la cara encarnada como la de un carnicero». (Royal Tank Corps). «Rostro como un taco de papel barato; un individuo de aspecto sueco (es decir, un patán)». (Royal Air Force). «Un cómico…». (Royal Tank Corps). «Un joven de notable belleza corporal; confieso que jamás vi, antes o después, cabello dorado tan lustroso como el suyo, ni ojos tan intensamente azules» (un visitante de Karkemish). «Modales muy tranquilos, reposados, y hermosa cabeza en un cuerpo insignificante» (un comandante del Camel Corps). Acostumbra tener las manos unidas, sin tensión, por debajo del pecho, con los codos apoyados en los costados, la cabeza algo inclinada y la mirada en el suelo. Es capaz de estar horas enteras, sentado o de pie, sin mover un músculo. Habla con frases breves, despacio, sin levantar el tono ni destacar una palabra de otra. Sonríe mucho, pocas veces ríe. Es tirador de puntería envidiable con las armas cortas, y no tanto con las largas. Su mayor don natural estriba en oscurecer su personalidad si le interesa pasar inadvertido. Llega, por ello, a parecer lerdo, corto de entendederas y vulgar, y explota esa facultad sin descanso como medio de autodefensa. En sus primeros tiempos en la Royal Air Force, le enviaron a poner alfombras bajo la dirección de la esposa de un mariscal del Aire.